El misterio del tiempo nos une hoy, en una ocasión solemne, los 49 años de vida de nuestro colegio. Momento oportuno que nos permite contemplar con sabiduría su historia y reconocer en ella, aquello que es perdurable y que debe conservarse con esmero.
Un Aniversario es siempre importante. Este, en particular, nos deja en el último paso para alcanzar el tiempo de la madurez, a un peldaño de la cima, de la cumbre que nos invita –necesariamente- a hacer un alto en el camino y mirar hacia atrás para indagar sobre lo que se ha sembrado y recogido, pero también para no perder de vista el tiempo por venir.
En la hora de la fundación, y como en toda hora fundacional, se observa el ardor, el entusiasmo, se individualizan los sueños, las aventuras. Los espíritus siempre adolescentes se perciben con claridad. Los esfuerzos se unifican y se emprende la tarea. De aquel comienzo hay muchos testigos aún y creo que es bueno escuchar sus testimonios y relatos, que comenzaron en un pequeño espacio de la calle Condell Sur y hoy se plasman acá, en este segundo y definitivo hogar de Los Carrera. Para este grupo de profesores fue un desafío tremendo en sus inicios, con potencial insospechado, pero hoy con resultados a la vista.
Siempre hay dos maneras de leer y escribir la historia. Una: la oficial, que la hacen y escriben las autoridades. Ahí están las luces, los demás permanecen -o más bien permanecemos- en la sombra. La otra, desde la Comunidad. La de los anónimos, que trabajan en silencio, donde cada día tiene su afán, donde el trabajo es el que nos da tantas alegrías y también algunos sufrimientos. Quienes nos hablan desde este lado de la historia, son los reales protagonistas: los profesores y alumnos. A veces será la historia menos conocida, pero la más importante, la que permite que todo y cada uno de los días nos reconozca y nos identifique.
Los alumnos y profesores son los constructores del cada día, del cada minuto, son una suma de esfuerzos que proceden desde distintos puntos y que convergen en una imagen viva, con el sonido propio de la vida.
En este día a día se construye nuestra identidad, sobre todo hoy cuando hablamos de estar en el mercado o fuera de él. Estar fuera del mercado, es quedarse en el pasado, estancado, sin futuro, es ser un muerto en vida. Estar en el mercado es ser moderno, competitivo, es ser un ganador. ¿Hacia adonde vamos nosotros?
Esta realidad nos interpela sobre nuestro ser como Colegio, sobre nuestra identidad. Y hago esta reflexión porque hoy, al celebrar y conmemorar este nuevo aniversario, situándonos en este último paso, nosotros, los apoderados, no queremos dejar de ser lo que somos: un grupo de personas dispuestas a luchar por el bien de nuestros hijos y ofrecerles la posibilidad de un futuro venturoso. Y será sobre la base de la fidelidad a esa identidad, que se debe construir y vivir ese futuro. Queremos a nuestros hijos felices y confiados, queremos sentirnos como en nuestra casa, queremos que ellos se sientan en su casa y que hagamos juntos el Colegio. Sentimos que la base de toda educación es cuestión de corazón.
El Colegio se ha propuesto un proyecto grande y audaz para los próximos años. Es ambicioso, pero muy posible, ya que sentimos que están creadas todas las condiciones para que nuestro establecimiento se constituya en el referente obligado de la comuna, y poder así situarse entre los mejores del país, en el próximo lustro o década.
Ahora bien, este propósito será realizable en la medida que cada miembro de la comunidad asuma el rol que se requiere para estar entre los mejores, pues se necesita mucho más. En lo particular, comprender las nuevas tendencias, las que se deben conocer y asumir con mentalidad creativa, innovadora y con emprendimiento. Se requiere la necesidad de articular en la formación educacional un aprendizaje profundo para convivir en lo global.
Esto requerirá de dos focos a desarrollar: por una parte, tener la capacidad institucional de ofrecer docentes que aseguren grandes estándares en las competencias que actualmente exige el sistema educativo; y por otra, la comunidad académica debe tener la capacidad de integrarse a estas competencias a fin de articularse en un encadenamiento total.
Este desafío es mayúsculo. Es mucho más que poseer laboratorios, gimnasios o lugares físicos, es necesario tener la capacidad de vincularse con los grandes temas que giran alrededor de la educación. Por ello nuestra identidad es importante.
Si el Colegio tiene esa identidad y no queremos sucumbir en la racionalidad de otros, hay que preguntarse acerca de lo que le entregamos a nuestros niños y lo que ellos reciben.
Si hay alguna empresa humana donde la empresa es una verdadera comunidad debiera ser en el Colegio. Los hay mayores y menores, profesores y alumnos. Todos y cada cual según sus talentos están reunidos acá, por lo tanto la integración y participación es la sumatoria que nos permite enfrentar el futuro.
Aquí está la clave del buen arquitecto de esta organización. La dinámica de los últimos tiempos es separar lo que debe estar unido, concentrar en unos lo que en verdad es un saber colectivo. Cómo padres creemos lo contrario, debemos trabajar cohesionados para comprender que la riqueza está en el interior: en nuestros alumnos. Ellos son el Colegio, por ellos se creó este Colegio, por ellos sigue vigente el Colegio.
Con respeto, sentimos y pensamos que nuestro colegio tiene el desafío de ser un ejemplo, sólo así la luz puede brillar. Y los apoderados no queremos estar fuera de la historia que deberemos escribir en los años que vienen. Queremos ser un apoyo activo y eficiente en el desafío de ser uno de los mejores Colegios de la zona. Esa será nuestra identidad y misión. Esa es la cuenta que vamos a pedir: que seamos distintos, pero con contenidos; que eduquemos pero sin contaminar, para que la enseñanza pueda recibirse como el mejor regalo y no como una amarga obligación.
Porque la meta final de la verdadera educación es no sólo hacer que la gente haga lo que es correcto, sino que disfrute haciéndolo; no sólo formar personas trabajadoras, sino personas que amen el trabajo; no sólo individuos con conocimientos, sino con amor al conocimiento; no sólo seres puros, sino con amor a la pureza.
Muchas Gracias.
Un Aniversario es siempre importante. Este, en particular, nos deja en el último paso para alcanzar el tiempo de la madurez, a un peldaño de la cima, de la cumbre que nos invita –necesariamente- a hacer un alto en el camino y mirar hacia atrás para indagar sobre lo que se ha sembrado y recogido, pero también para no perder de vista el tiempo por venir.
En la hora de la fundación, y como en toda hora fundacional, se observa el ardor, el entusiasmo, se individualizan los sueños, las aventuras. Los espíritus siempre adolescentes se perciben con claridad. Los esfuerzos se unifican y se emprende la tarea. De aquel comienzo hay muchos testigos aún y creo que es bueno escuchar sus testimonios y relatos, que comenzaron en un pequeño espacio de la calle Condell Sur y hoy se plasman acá, en este segundo y definitivo hogar de Los Carrera. Para este grupo de profesores fue un desafío tremendo en sus inicios, con potencial insospechado, pero hoy con resultados a la vista.
Siempre hay dos maneras de leer y escribir la historia. Una: la oficial, que la hacen y escriben las autoridades. Ahí están las luces, los demás permanecen -o más bien permanecemos- en la sombra. La otra, desde la Comunidad. La de los anónimos, que trabajan en silencio, donde cada día tiene su afán, donde el trabajo es el que nos da tantas alegrías y también algunos sufrimientos. Quienes nos hablan desde este lado de la historia, son los reales protagonistas: los profesores y alumnos. A veces será la historia menos conocida, pero la más importante, la que permite que todo y cada uno de los días nos reconozca y nos identifique.
Los alumnos y profesores son los constructores del cada día, del cada minuto, son una suma de esfuerzos que proceden desde distintos puntos y que convergen en una imagen viva, con el sonido propio de la vida.
En este día a día se construye nuestra identidad, sobre todo hoy cuando hablamos de estar en el mercado o fuera de él. Estar fuera del mercado, es quedarse en el pasado, estancado, sin futuro, es ser un muerto en vida. Estar en el mercado es ser moderno, competitivo, es ser un ganador. ¿Hacia adonde vamos nosotros?
Esta realidad nos interpela sobre nuestro ser como Colegio, sobre nuestra identidad. Y hago esta reflexión porque hoy, al celebrar y conmemorar este nuevo aniversario, situándonos en este último paso, nosotros, los apoderados, no queremos dejar de ser lo que somos: un grupo de personas dispuestas a luchar por el bien de nuestros hijos y ofrecerles la posibilidad de un futuro venturoso. Y será sobre la base de la fidelidad a esa identidad, que se debe construir y vivir ese futuro. Queremos a nuestros hijos felices y confiados, queremos sentirnos como en nuestra casa, queremos que ellos se sientan en su casa y que hagamos juntos el Colegio. Sentimos que la base de toda educación es cuestión de corazón.
El Colegio se ha propuesto un proyecto grande y audaz para los próximos años. Es ambicioso, pero muy posible, ya que sentimos que están creadas todas las condiciones para que nuestro establecimiento se constituya en el referente obligado de la comuna, y poder así situarse entre los mejores del país, en el próximo lustro o década.
Ahora bien, este propósito será realizable en la medida que cada miembro de la comunidad asuma el rol que se requiere para estar entre los mejores, pues se necesita mucho más. En lo particular, comprender las nuevas tendencias, las que se deben conocer y asumir con mentalidad creativa, innovadora y con emprendimiento. Se requiere la necesidad de articular en la formación educacional un aprendizaje profundo para convivir en lo global.
Esto requerirá de dos focos a desarrollar: por una parte, tener la capacidad institucional de ofrecer docentes que aseguren grandes estándares en las competencias que actualmente exige el sistema educativo; y por otra, la comunidad académica debe tener la capacidad de integrarse a estas competencias a fin de articularse en un encadenamiento total.
Este desafío es mayúsculo. Es mucho más que poseer laboratorios, gimnasios o lugares físicos, es necesario tener la capacidad de vincularse con los grandes temas que giran alrededor de la educación. Por ello nuestra identidad es importante.
Si el Colegio tiene esa identidad y no queremos sucumbir en la racionalidad de otros, hay que preguntarse acerca de lo que le entregamos a nuestros niños y lo que ellos reciben.
Si hay alguna empresa humana donde la empresa es una verdadera comunidad debiera ser en el Colegio. Los hay mayores y menores, profesores y alumnos. Todos y cada cual según sus talentos están reunidos acá, por lo tanto la integración y participación es la sumatoria que nos permite enfrentar el futuro.
Aquí está la clave del buen arquitecto de esta organización. La dinámica de los últimos tiempos es separar lo que debe estar unido, concentrar en unos lo que en verdad es un saber colectivo. Cómo padres creemos lo contrario, debemos trabajar cohesionados para comprender que la riqueza está en el interior: en nuestros alumnos. Ellos son el Colegio, por ellos se creó este Colegio, por ellos sigue vigente el Colegio.
Con respeto, sentimos y pensamos que nuestro colegio tiene el desafío de ser un ejemplo, sólo así la luz puede brillar. Y los apoderados no queremos estar fuera de la historia que deberemos escribir en los años que vienen. Queremos ser un apoyo activo y eficiente en el desafío de ser uno de los mejores Colegios de la zona. Esa será nuestra identidad y misión. Esa es la cuenta que vamos a pedir: que seamos distintos, pero con contenidos; que eduquemos pero sin contaminar, para que la enseñanza pueda recibirse como el mejor regalo y no como una amarga obligación.
Porque la meta final de la verdadera educación es no sólo hacer que la gente haga lo que es correcto, sino que disfrute haciéndolo; no sólo formar personas trabajadoras, sino personas que amen el trabajo; no sólo individuos con conocimientos, sino con amor al conocimiento; no sólo seres puros, sino con amor a la pureza.
Muchas Gracias.
Luis Paredes R.
Presidente CC. PP. y Apoderados 2010