
Solo en la agonía de despedirnos somos capaces de comprender la profundidad de nuestro amor (George Eliot)
Aunque estos días han sido particularmente tristes dentro de nuestro colegio, por la sentida noticia que se no vino encima, se ha manifestado un espontáneo cariño que supera la aflicción y la pena por el fallecimiento de nuestro querido Tío Memo.
Y es que fue todo tan rápido. Todo tan de repente que, a muchos, no nos dio el tiempo para despedirnos. Salió a trabajar por la mañana, como todos los días y con un dolor en el brazo, se retiró del Colegio –porfiadamente- al hospital en el cual lo sorprendió la muerte y no volvió más.
El tío ya no está con nosotros. Y por eso, para nuestros hijos el sentir de su muerte es hondo. Porque la sorpresa de lo repentino de su partida afectó hasta el más duro de estos muchachos que habitualmente dicen que ’no están ni ahí’, pues sienten que en su vida diaria de alumno del Coe, les faltará algo.
Toda vida humana es una llamada no solamente a la existencia, sino que encierra en sí misma una misión determinada, aunque a veces escondida para nosotros. El tío Memo fue para ellos más que un amigo: lo llevan dentro de sus corazones. Algunos como la imagen de un abuelito cariñoso a los que guiaba o enseñaba; a otros –muchos- los reconfortaba como un papá bondadoso y querendón. A un buen montón, también, les faltará esa pícara sonrisa que solo él les entregaba en sus quehaceres diarios recorriendo el patio. En definitiva, les faltará en sus vidas, en sus corazones.
Cada crisis nos obliga a ir reajustando y reinterpretando la propia vida. Por eso no debe sorprendernos que sean tantas las palabras de afecto y cariño –y dolor- que todos los muchachos, como viejos compinches de alguna barrabasada o alguna ‘travesura’ que era observada y encubierta por un guiño de complicidad, estén expresando y derramando a corazón abierto por él en sus fotologs. Y me conmueve el amor que se desborda incondicional, por una persona que lo dio todo por estos palomillas del colegio.
Sabemos –y sentimos- que siempre estará ahí. Aunque hoy ya no esté.
Querido Tío Memo. Una parte de tu vida era el Colegio. La otra tu familia, tu señora, tus hijos y nietas. También tu casita. Tu fé. Es difícil ponerse en manos de Dios como tu lo hacías, si queremos llevar la vida según nuestros proyectos, como si todo dependiese de nosotros. Tu lo dejabas en sus manos y confiabas en Él.
Tu corazón era gigante. Tu alegría constante. Tu recuerdo permanecerá por mucho tiempo en nosotros, en el Coe, en nuestro colegio que, como la familia que siempre desea ser, en estos momentos de dolor, se une, llora y conmueve por la pérdida de uno de los suyos.
Hasta siempre.
Luis Paredes R.
(esta foto la tomé prestada de una de las tantas que tienen los alumnos de él. Gracias a Ayleen)
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