Hace 48 años, en la Primavera de 1960, la escritora italiana Natalia Ginzburg, escribió unas palabras que, a mi modo de ver, mantienen intacta su actualidad: “En lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor a la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber”.
En esta época, en que la sociedad en general, con sus dirigentes al frente (preocupados sobre todo de los grandes asuntos de índole económica) y los padres que parecemos haber desertado, en buena medida, de nuestra responsabilidad de educar a los hijos, el Colegio no tiene más remedio que renovar su tradicional compromiso de hacerlo.
Estamos insertos en un sistema mas delicado y complejo, mientras contamos con mas adelantos, libertades y derechos, nuestros pensamientos, al parecer, no se centran en una idea clara, pero ahí está nuestra sabiduría: ese sentimiento que nace de lo mas profundo de aquellas personas que lo hicieron bien en la vida y que nosotros también debemos cultivar.
Hoy, nos convoca el recuerdo de este día especial en la vida de quienes motivados por su vocación pedagógica dieron vida a este colegio, hace ya 48 años, en busca de un nuevo horizonte para nuestros hijos, que muchos han vivenciado, primero como alumnos y luego como apoderados, lo que les ha permitido compartir junto a sus fundadores la materialización de este sueño que hoy es realidad.
Hoy, el Colegio Coeducacional de Quilpue, otrora el anexo del Liceo o la Escuela 156, está nuevamente de cumpleaños. Tal vez no sean muchos, pero al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.
Por eso, para todos ustedes, socios y fundadores que hicieron realidad un aspiración, que hoy permite que nuestros hijos sueñen con un futuro mejor y para aquellos que de una u otra manera forman parte de esta Institución, nuestro reconocimiento y agradecimiento en nombre de los padres y apoderados del colegio y, sin olvidar a quienes ya partieron, vaya nuestro recuerdo y gratitud.
Hoy en día rendimiento académico, proyecto educativo, capacidades, habilidades, las notas y otras tantas, son nuestras interrogantes. ¿Estamos ocupados en ellas o solamente las decimos para ver quién reacciona?
Los padres estamos muchas veces preocupados más bien de los aspectos económicos que de apoyar a sus hijos. De ahí viene todo este desgaste de no querer ni siquiera ir a las reuniones de curso, que, en la actualidad, sirven casi exclusivamente para que hablen de la fiesta de fin de año, del paseo, o simplemente del pago de las cuotas"
Necesitamos contar con a un nuevo tipo de apoderado, entregarles herramientas para que estén mejor preparados y poder así presentarnos frente a temas importantes como una sola voz. Es preciso que los padres busquen y demanden un rol determinante en la educación de sus hijos. Debemos dejar de ser sólo los responsables de los recursos económicos o ¿acaso queremos tener a los papás discutiendo cuántos pesos más, cuántos pesos menos o en qué va a consistir la rifa? No. Queremos que el apoderado esté presente en las aulas y en el hogar educando.
El rol de los apoderados es fundamental: Somos los primeros educadores de nuestros hijos. Debemos reforzar los valores y las virtudes, entre otros, pues hoy en día los tiempos son difíciles ya que los niños y por sobre todo los jóvenes están invadidos de información que en su mayoría no son capaces de manejar y los padres no sabemos cómo ayudarlos.
La verdad es que nuestro norte va en este sentido. Como padres, creemos que nuestra tarea es acompañar a nuestros hijos para que se integren de la mejor forma al proceso educativo actual, diferente en varios de sus puntos y es lógico que nos siembre más de alguna duda.
Nuestro colegio hoy continúa creciendo, y lo seguirá haciendo, siempre en busca de nuevos objetivos y expectativas educacionales, donde el presente nos encuentra con nuevas metas y exigencias.
Para nosotros, como Centro de padres, todavía quedan tareas pendientes, sobre todo aún no hemos podido consolidar la unidad y participación que quisiéramos entre los apoderados y profesores, tarea recurrente en estos últimos años, pero estamos ciertos que es un proceso lento que se consolidará con el tiempo, pues no obstante a las dificultades, mantenemos nuestro compromiso de centrarnos siempre en ser colaboradores y cooperadores de cada uno de los estamentos del colegio, para lograr en conjunto lo mejor en directo beneficio de los educandos.
La directiva del Centro de Padres hace ya tiempo que ha asumido su rol, con deberes y obligaciones. Dejó de ser solamente un organizador de bingos y fiestas y es ya una entidad con objetivos claros y definidos, orientados a colaborar y ayudar en mejorar la calidad de vida de nuestros hijos y de su educación, que es nuestro deber. Por ello que, a nuestros tradicionales aportes materiales hoy se incorporan y fusionan ideas, planteamientos y propuestas que manifestadas con respeto solo pretenden aportar al proceso educativo y a su modernización.
Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo. Éste debiera ser el pensamiento de nuestro Colegio, que tendrá la tarea de ser, además, quien enseñe a nuestros hijos, a través de sus profesores, esas “grandes virtudes” las que, por casualidad, suelen entrar en contradicción con las que enseña la todopoderosa televisión.
Porque las “grandes virtudes no se respiran en el aire”, éstas deben constituir la primera sustancia de la relación de nuestros hijos, el principal fundamento de la educación.
En esta época, en que la sociedad en general, con sus dirigentes al frente (preocupados sobre todo de los grandes asuntos de índole económica) y los padres que parecemos haber desertado, en buena medida, de nuestra responsabilidad de educar a los hijos, el Colegio no tiene más remedio que renovar su tradicional compromiso de hacerlo.
Estamos insertos en un sistema mas delicado y complejo, mientras contamos con mas adelantos, libertades y derechos, nuestros pensamientos, al parecer, no se centran en una idea clara, pero ahí está nuestra sabiduría: ese sentimiento que nace de lo mas profundo de aquellas personas que lo hicieron bien en la vida y que nosotros también debemos cultivar.
Hoy, nos convoca el recuerdo de este día especial en la vida de quienes motivados por su vocación pedagógica dieron vida a este colegio, hace ya 48 años, en busca de un nuevo horizonte para nuestros hijos, que muchos han vivenciado, primero como alumnos y luego como apoderados, lo que les ha permitido compartir junto a sus fundadores la materialización de este sueño que hoy es realidad.
Hoy, el Colegio Coeducacional de Quilpue, otrora el anexo del Liceo o la Escuela 156, está nuevamente de cumpleaños. Tal vez no sean muchos, pero al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.
Por eso, para todos ustedes, socios y fundadores que hicieron realidad un aspiración, que hoy permite que nuestros hijos sueñen con un futuro mejor y para aquellos que de una u otra manera forman parte de esta Institución, nuestro reconocimiento y agradecimiento en nombre de los padres y apoderados del colegio y, sin olvidar a quienes ya partieron, vaya nuestro recuerdo y gratitud.
Hoy en día rendimiento académico, proyecto educativo, capacidades, habilidades, las notas y otras tantas, son nuestras interrogantes. ¿Estamos ocupados en ellas o solamente las decimos para ver quién reacciona?
Los padres estamos muchas veces preocupados más bien de los aspectos económicos que de apoyar a sus hijos. De ahí viene todo este desgaste de no querer ni siquiera ir a las reuniones de curso, que, en la actualidad, sirven casi exclusivamente para que hablen de la fiesta de fin de año, del paseo, o simplemente del pago de las cuotas"
Necesitamos contar con a un nuevo tipo de apoderado, entregarles herramientas para que estén mejor preparados y poder así presentarnos frente a temas importantes como una sola voz. Es preciso que los padres busquen y demanden un rol determinante en la educación de sus hijos. Debemos dejar de ser sólo los responsables de los recursos económicos o ¿acaso queremos tener a los papás discutiendo cuántos pesos más, cuántos pesos menos o en qué va a consistir la rifa? No. Queremos que el apoderado esté presente en las aulas y en el hogar educando.
El rol de los apoderados es fundamental: Somos los primeros educadores de nuestros hijos. Debemos reforzar los valores y las virtudes, entre otros, pues hoy en día los tiempos son difíciles ya que los niños y por sobre todo los jóvenes están invadidos de información que en su mayoría no son capaces de manejar y los padres no sabemos cómo ayudarlos.
La verdad es que nuestro norte va en este sentido. Como padres, creemos que nuestra tarea es acompañar a nuestros hijos para que se integren de la mejor forma al proceso educativo actual, diferente en varios de sus puntos y es lógico que nos siembre más de alguna duda.
Nuestro colegio hoy continúa creciendo, y lo seguirá haciendo, siempre en busca de nuevos objetivos y expectativas educacionales, donde el presente nos encuentra con nuevas metas y exigencias.
Para nosotros, como Centro de padres, todavía quedan tareas pendientes, sobre todo aún no hemos podido consolidar la unidad y participación que quisiéramos entre los apoderados y profesores, tarea recurrente en estos últimos años, pero estamos ciertos que es un proceso lento que se consolidará con el tiempo, pues no obstante a las dificultades, mantenemos nuestro compromiso de centrarnos siempre en ser colaboradores y cooperadores de cada uno de los estamentos del colegio, para lograr en conjunto lo mejor en directo beneficio de los educandos.
La directiva del Centro de Padres hace ya tiempo que ha asumido su rol, con deberes y obligaciones. Dejó de ser solamente un organizador de bingos y fiestas y es ya una entidad con objetivos claros y definidos, orientados a colaborar y ayudar en mejorar la calidad de vida de nuestros hijos y de su educación, que es nuestro deber. Por ello que, a nuestros tradicionales aportes materiales hoy se incorporan y fusionan ideas, planteamientos y propuestas que manifestadas con respeto solo pretenden aportar al proceso educativo y a su modernización.
Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo. Éste debiera ser el pensamiento de nuestro Colegio, que tendrá la tarea de ser, además, quien enseñe a nuestros hijos, a través de sus profesores, esas “grandes virtudes” las que, por casualidad, suelen entrar en contradicción con las que enseña la todopoderosa televisión.
Porque las “grandes virtudes no se respiran en el aire”, éstas deben constituir la primera sustancia de la relación de nuestros hijos, el principal fundamento de la educación.
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