marzo 19, 2009

Reinventar a Pin Pon

FELIPE BERRÍOS S.J
Sábado 7 de Marzo de 2009

Sin sofisticados efectos especiales ni presupuestos millonarios sino que sólo con vocación, arte y creatividad, Pin Pon pudo desarrollar la imaginación de generaciones de niños chilenos.
Llama la atención el silencio triste de los establecimientos educacionales cuando se encuentran vacíos de niños. Ese mismo ambiente de ausencia y tristeza se sintió en febrero, al enterarnos de que Jorge Guerra había muerto. A quien conocíamos más como Pin Pon, el muñeco de algodón que el mismo actor creó y que caracterizó por años cautivando con él a los niños de nuestra patria.Sin sofisticados efectos especiales ni presupuestos millonarios sino que sólo con vocación, arte y creatividad, Pin Pon pudo desarrollar la imaginación de generaciones de niños chilenos.
Muchos de los que hoy somos adultos, en nuestra niñez diariamente asimilábamos por medio de la magia de la televisión y una pedagogía sabiamente sencilla las actitudes esenciales para aprender a aprender. Entretenidamente pudimos captar la importancia del método, la disciplina, el respeto y el orden. Estas herramientas puestas al servicio de la creatividad, el asombro, la curiosidad y los sueños son el fermento del desarrollo de potencialidades humanas incalculables. No eran programas de televisión que suplieran la imaginación de los niños, ni les embotaba el asombro, ni les estimulaba la agresividad. Por el contrario, con elementos simples los incentivaba a la creatividad, la fascinación y la solidaridad.
Como todos los años, el énfasis de la vuelta a clases de los escolares se centra en la compra de la lista de los "útiles escolares". Gradualmente, los padres se han ido acostumbrando al esfuerzo de tener que adquirir el interminable inventario de materiales. Tal vez quienes los exigen se aprovechan de que ningún padre soportaría que su hijo sufra por no tener todos los enseres que tienen sus compañeros ni tampoco quisiera dejarlo en desventaja con los demás. De esta manera, lenta y pasivamente, se ha ido distorsionando lo que significa educar y se ha transformado en una competencia basada en el consumo. Así como imperceptible y erróneamente la sociedad ha internalizado que tener más cosas es necesario para ser feliz, así también se piensa que los "útiles escolares" son imprescindibles para poder enseñarles mejor a los niños.
Con razón el corazón de Jorge Guerra no fue capaz de aguantar más y no pudo seguir trabajando, pues, de alguna manera, hace mucho tiempo pedagógicamente la sociedad chilena ya había enterrado a Pin Pon y, con él, a la educación profunda y sencilla que se sustentaba en la pasión por enseñar y en la creatividad.
Cuando el educador extravía su vocación y carece de imaginación, entonces requerirá suplir su chatura y despertar algo de interés con los "útiles escolares". A listas más largas, menor pasión y creatividad del educador. El alumno se urgirá por "tener que tener". Sin darse cuenta se irá haciendo un adicto al consumo e inconscientemente adquirirá para la vida la inseguridad de que, si no posee las cosas nuevas o que otros sustentan y en forma inmediata, o si no tienen los recursos para comprarlas, entonces será un incapaz y fracasará.
La verdadera pedagogía no se apoya en cosas, le basta de personas capaces de motivar. Pin Pon nos enseñó que los únicos "útiles escolares" exigibles a los alumnos y sus apoderados para aprender a aprender son: método, disciplina, respeto y orden, mezclados con asombro y creatividad.

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