marzo 09, 2009

¿Son los textos escolares un negocio, un apoyo para el estudiante, o un salvavidas para el docente?


Mariela Álvarez,
Profesora Básica con mención en Desarrollo Comunitario.


Desde hace algunos años, el Mineduc ofrece a los colegios la posibilidad de escoger los textos escolares de dos editoriales distintas, para un nivel específico y para algunos de los principales subsectores de aprendizaje: Lenguaje, matemática, comprensión de la sociedad, e inglés (entregado a los quintos y sextos básicos).

Estos textos cuentan con una guía de apoyo e incluso sugerencias de planificación. El docente de subsector tiene la posibilidad así, de revisar un demo en pdf del libro y luego elegir aquel que encuentra más acorde con su planificación.

Sin embargo algunos colegios NO particulares, a pesar de contar con este beneficio, incluyen en su lista de útiles, textos escolares para los subsectores de aprendizaje de editoriales X, que como mínimo tienen un precio de 13 mil pesos, y que no pocas veces llegan a los 22 mil.

Hay colegios que hasta llevan ejecutivos de ventas de las editoriales a la primera asamblea o reunión de apoderados, ofreciendo el beneficio de un porcentaje de descuento mínimo por la compra de los textos el día de la reunión.

Soy docente y si hay algo difícil para un docente es SER APODERADO, porque es inevitable no evaluar las prácticas del colega que imparte conocimientos a nuestros hijos.

En la primera reunión de clases del año pasado, cuando se tocó el tema de la compra "obligatoria" de los textos escolares de una editorial X, no pude evitar manifestar mi desacuerdo con el tema, diciéndole amablemente a la colega que el Mineduc entrega los textos de estudio y que estos no poseen valor comercial, por lo tanto yo no estaba dispuesta a cancelar los $30.000 por el set de 3 libros. Los representantes de la editorial X habían acudido al establecimiento y estaban, al terminar la reunión, ofreciendo los libros en el hall del colegio con un “descuento especial”.

Ella argumentó que “planificaba con esos libros”, por lo tanto era obligación comprarlos, porque el alumno que no los tuviera quedaría en desventaja y atrasado con las actividades… la tensión ambiente de la reunión fue creciendo y en parte me sentía culpable de ello, pero no podía quedarme callada ante algo que me parecía una soberana falta de consideración, y le repliqué nuevamente con todo respeto, que yo también era profesora, que los textos de estudio son un apoyo importante sin duda, pero que a la hora de planificar debíamos ceñirnos a los planes y programas propios del colegio o del ministerio y no a una editorial por muy buenos que sean sus textos y muy blancas sus hojas, que si quería ocupar el libro, le pidiera a UTP que hiciera las gestiones para adquirirlo “con descuentos” para los docentes y estos pudieran usarlos para apoyar en sus actividades a la hora de entregar un contenido.

No lo niego, me sentí el ser menos empático de la tierra, por desafiar así a una colega, pero los demás apoderados apoyaron mi posición y todos acordaron que no comprarían el texto y que exigían ocupar los del Mineduc. Al final una docente se molestó porque según decía, todos los cursos del colegio comprarían los textos escolares de la editorial y esto le traería problemas con la dirección. ¿Por qué? (y ese detalle no era desconocido para mí): porque algunas editoriales ofrecen beneficios extras al colegio si logran vender una determinada cantidad de libros.

El año pasado, la representante de una editorial fue al colegio donde me desempeñaba, ofreciendo de textos de estudio a la módica suma de $16.000, incluyendo un CD rom interactivo… a cambio de la venta de un mínimo de 600 libros, la editorial, regalaba al colegio una pizarra interactiva, obviamente ella partió mostrando la “innovadora” pizarra y después agregó el detallito de la venta de los 600 textos.

Como conclusión:

· Los sostenedores no deben caer en la trampa poco ética de hacer alianzas con editoriales a cambio de algún beneficio para el establecimiento, que bien se puede adquirir con una actividad familiar como rifa o bingo.
· UTP debiera velar porque los docentes tengan suficiente material de apoyo para realizar sus clases y gestionar la compra de este material, sin involucrar un gasto para el apoderado.
· Los únicos textos extras que debieran solicitarse a los apoderados son los de lecturas complementarias para los estudiantes promoviendo la formación de biblioteca en la casa y lectura compartida del estudiante con el apoderado.
· El docente no puede apoyarse para planificar en un texto de estudio, para eso cuenta con los planes y programas de su establecimiento o en su defecto, del Mineduc.
· El texto de estudio entrega actividades y contenido de apoyo para los estudiantes en la comprensión de los contenidos entregados, pero no es un salvavidas para el docente.
· El Mineduc vela por la calidad del contenido y material de los textos escolares, por lo tanto estos siempre están en sintonía con los planes y programas en los que se debe basar cualquier establecimiento.
· Los docentes no podemos planificar pidiendo materiales que complican la economía de los apoderados, no debemos olvidar que muchos también somos apoderados y sabemos lo que cuesta llegar a fin de mes.
· Si se desea ocupar un libro anexo, hagamos guías de trabajo en base a las actividades que el libro propone, pero no transformemos los cuadernos de los niños en un verdadero acordeón de papelería.

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